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martes 23 de octubre de 2007

¿Dónde están los profesores?

Después de leer esta noticia del Diario de Sevilla del domingo 30 de septiembre me quede con rabia, la imagen tan deteriorada de una realidad de la que eres parte te resulta repulsivo. Lo cierto, es que no niego las palabras del periodista ...ya que tal situación la vivo en mi trabajo como docente, pero...es duro, es muy duro. Para mucho de nosotros leer y escuchar esos reproches, que no digo no sean bien merecidos...nos lleva a una tristeza y desánimo casi desconsolado...hasta dónde hemos llegado. El problema es que no se si eso beneficia a alguien. Me refiero a la ya deteriorada imagen social que tiene la profesión docente. Y repito, es cierto cada uno de los detalles y casos que se comentan por que los vivo y sufro cada día, cada año, cada curso.

Somos una comunidad que nos dedicamos a reflexionar para mejorar la enseñanza pero además tenemos que sobrellevar el abuso que muchos de nuestros compañeros hacen de derechos que todos tenemos...pero no es cuestión de una profesión, es cuestión de una actitud, de talante. Si se utilizan unos beneficios sociales para abusos particulares es una actitud antisocial (ese derecho o beneficio social se creo para los casos que realmente lo requieren). Eso puede no ser sólo cuestión de una profesión pero si es cierto que la nuestra lo requiere ... de ahí la frase que señala “¿puede alguien que es incapaz de acudir con regularidad a su trabajo transmitir a los alumnos el valor de esfuerzo”

El artículo trata varios temas que son una realidad y creo que vergonzosos. Este y otros artículos formaran parte del debate en mi clase de Didáctica cuando hablemos del docente. Pensaremos y reflexionaremos entre todos lo que está ocurriendo y cuáles pueden ser los motivos.

La respuesta creo que es más una cuestión personal, de responsabilidad individual, a la que cada uno de nosotros hemos de respondernos para ser, o no, coherentes con nosotros mismos y con el modelo de sociedad en la que creemos. Si no hay una implicación personal, no sólo del docente, de toda la Comunidad Educativa de poco o nada servirá.

martes 22 de mayo de 2007

Desanimados … a pesar de nuestra sobrada voluntad.

Formar al profesorado para que estar a tono con la sociedad presente y futura es un tema que a todos nos preocupa, entre otras razones, por que constituye la base para mejorar la enseñanza que impartimos en nuestras aulas y sobretodo para conseguir una mayor calidad en la misma. No olvidemos que hablar de formación incluye hablar de personas que pueden tener o no actitudes y creencias muy diferentes en cuanto a sus necesidades de formación.

Parece evidente que la Sociedad de la Información está demandando importantes cambios en la escuela y en los profesores. Pero todo cambio requiere un proceso lento, planificado y adecuado a las características de los destinatarios, luego no parece lícito lanzar la piedra y esconder la mano, que es lo que suele ocurrir con la
formación del profesorado.

La sociedad en general está pidiendo al profesor que se adapte a los nuevos tiempos, pero eso supone entre otras cosas que el docente ha de romper con el rol que ha desempeñado durante muchos años (al que tiene cierto apego), ha de pasar de ejercer el papel de transmisor al de mediador, tarea nada fácil.

Este cambio supone poner en movimiento a todas las variables que intervienen en el proceso de enseñanza-aprendizaje y, por tanto, crear momentos de caos. Y todo ello acompañada de esa falta o escasa formación de la que disponemos para resolver estas nuevas problemáticas. Evidentemente, nos hallamos ante una situación complicada.

Pero… este panorama no ha de preocuparnos… los docentes estamos sobrados de ánimo y vocación (con esto solemos consolarnos). Tenemos suficientes mecanismos para fortalecer nuestro cansancio (basta recordar la conversación con algún alumno en la que has visto que TÚ has cambiado una pequeña cosa en ÉL/ELLA, o le has hecho pensar y reflexionar en algo importante para ÉL/ELLA) y seguir adelante con todo lo que nos pongan.